¿Por qué mi hijo se porta peor desde que empezó la escuela?
Si su hijo parecía estar bastante bien durante el verano y de repente está más emocional, irritable, discutidor, dependiente o agotado desde que empezó la escuela, el momento puede ser importante. Volver a la escuela añade estructura, expectativas, demandas sociales, transiciones, ruido, trabajo académico y menos control sobre el día. Incluso los niños a quienes les gusta la escuela pueden gastar mucha energía adaptándose. 1
Un cambio de conducta no significa automáticamente que algo esté mal
El comienzo del año escolar es una transición. El niño puede levantarse más temprano, permanecer sentado por más tiempo, seguir más instrucciones, manejar relaciones con compañeros y controlar sus emociones durante horas. Al llegar a casa, ese esfuerzo puede aparecer como irritabilidad o poca tolerancia a la frustración.
Eso no significa que toda conducta difícil deba ignorarse. Lo importante es observar si mejora a medida que la rutina se vuelve familiar o si se hace más frecuente, intensa o perjudicial.
Razones comunes por las que un niño puede tener dificultades
Pueden existir varias causas al mismo tiempo. Los niños pequeños pueden tener ansiedad por separación. Los mayores pueden enfrentar trabajo más difícil, cambios de amistades, acoso, presión por el rendimiento o miedo a fracasar.
- Dormir menos o levantarse mucho más temprano
- Hambre o sed después del día escolar
- Trabajo académico demasiado fácil, difícil o abrumador
- Ansiedad por separación, rendimiento, compañeros o maestros
- Sobrecarga sensorial por ruido, multitudes y transiciones
- Esforzarse por seguir reglas y controlar emociones todo el día
- Cambios en transporte, cuidado infantil, deportes o rutinas familiares
Qué pueden intentar los padres primero
Comience con las necesidades básicas antes de asumir que todo es un problema de disciplina. Una rutina predecible después de la escuela puede disminuir las demandas cuando el niño está más cansado.
Para algunos niños, los primeros 20 a 45 minutos en casa funcionan mejor para comer, beber agua, moverse, descansar o conectarse con un adulto antes de hablar de tareas. Las rutinas regulares de sueño y comida también ayudan. 1
- Ofrezca comida y agua después de la escuela
- Permita un breve periodo de descanso antes de la tarea
- Mantenga horarios consistentes de sueño
- Haga una pregunta específica en vez de interrogar sobre todo el día
- Observe patrones según día, clase o transición
- Mantenga límites tranquilos sin convertir cada tarde difícil en castigos
Cuándo mirar más de cerca
Hable con su hijo y con la escuela si el cambio dura varias semanas, empeora o afecta asistencia, sueño, alimentación, relaciones, aprendizaje o seguridad. A veces el niño no sabe explicar qué pasa, por lo que ayudan señales concretas como dolores de estómago antes de ir a la escuela, llanto los domingos, tareas faltantes o evitar una clase.
El pediatra, consejero escolar, terapeuta, maestro o equipo de educación especial puede ayudar a explorar ansiedad, aprendizaje, acoso, atención u otras necesidades.
Comprender no significa justificar todo
Entender la causa de una conducta no elimina los límites. Los niños todavía necesitan reparar el daño y cumplir expectativas apropiadas. Sin embargo, la respuesta suele funcionar mejor cuando aborda tanto la conducta como la dificultad que la impulsa.
Observe patrones: qué ocurre antes de la conducta, qué demanda está presente, qué ayuda y si el problema está mejorando. Esa información suele ser más útil que concluir simplemente que el niño “se está portando mal.”